La ciudad de Alajuela está a pocos kilómetros de la Falla Alajuela, una falla inversa de unos 20 km que corre de Grecia a Santa Bárbara de Heredia y que se nota en el terreno como un escarpe de 150 a 200 metros de alto. Por su tamaño y su historia, la Red Sismológica Nacional (RSN-UCR) la considera capaz de generar sismos de hasta magnitud 6,2; un escenario simulado de magnitud 6,4 a 10 km de profundidad produciría intensidades de VIII-IX cerca del epicentro —sacudidas fuertes— sobre todo en Alajuela y el oeste de Heredia.
A esa falla se le atribuyen dos terremotos históricos: el de Barva del 15 de febrero de 1772 y el de Fraijanes del 30 de diciembre de 1888, además de enjambres de temblores menores a magnitud 4 —el último grande, en noviembre de 1989. Y hay un terremoto que lleva el nombre de esta ciudad sin haber nacido en ella: el 22 de diciembre de 1990, un sismo de magnitud 5,7 con epicentro en Piedras Negras de Mora (Puriscal) causó su daño más severo en Alajuela, con cerca de 300 casas afectadas entre San José, Alajuela y Heredia —la prueba de que un temblor lejano también puede doler aquí.
Costa Rica entera está sobre el choque de las placas Cocos y Caribe, y el Valle Central en particular sobre una ancha franja de fallas activas —el Cinturón Deformado del Centro de Costa Rica— donde ninguna falla trabaja sola. El terremoto de Cinchona del 8 de enero de 2009 (magnitud 6,2, ladera del Poás) recordó lo cerca que está esa actividad: causó más de 20 muertes y decenas de derrumbes a menos de 30 km de aquí. La mayoría de lo que aparece en esta lista, sin embargo, es demasiado pequeño para sentirse —una página callada durante semanas es lo esperable, no una señal de calma antes de algo peor.